Yamaha XJ600 de 1991 (2017-2019)

Con la decepción de la Yamaha SR250 y su comportamiento en carretera, opté por lo malo conocido y busqué una Yamaha XJ600 modelo J51, la anterior a la Diversion. Vamos, la que tuve desde 1990 hasta 2017, dejando la pequeña SR para un uso local y utilitario. También miré alguna alternativa como la Yamaha Virago 535 o la Kawasaki vulcan 500, pero la primera me pareció una moto completamente carente de carácter y la Vulcan, por favor, ¡qué sensación más desagradable! Fui a probar una Kawasaki GPZ 500, pero el tío, después de haberme hacho hacer 50 Km para verla, la tenía sin batería, por lo que no pude probarla. Así que me centré en la incombustible XJ600. Y encontré esta:

Estas son las fotos del anuncio que encontré en «Milanuncios»

La probé, me convenció y 1000 euros tuvieron la culpa. El propietario fue tan amable de traérmela a casa en su furgoneta esa misma tarde.

Como purista que soy, la moto distaba mucho de estar como yo la quería, pero su estado general era muy bueno. Mecánicamente se le hizo embrague y el cono de la dirección, pues tenía muesca en el centro y me molestaba mucho pasar por ese punto al pilotarla.

Me llevó varios meses y me costó encontrar todos los recambios que necesitaba para ponerla a mi gusto. Compré lotes enteros de recambios para disponer de un stock lo más completo posible. Le adapté estructuras para ponerle maletas de BMW porque no encontraba las originales, aunque finalmente pude hacerme con ellas.

Este es el listado de cositas que le fui haciendo:

-Tapón del depósito original.

-Juego completo de cerraduras.

-Los puños.

-Los intermitentes originales.

-Cambio de intrumentación por una impecable.

-Asiento original.

-Cúpula original nueva.

-Quilla original.

-Estructura de las maletas laterales y baúl original.

-Maletas específicas del modelo.

-Baúl con iluminación.

-Tapas laterales originales.

-Juego de herramientas original.

-Colín e iluminación trasera original.

-Tornillería original.

Una vez terminada la restauración, un coche me la tiró al suelo estando aparcada y tuve que volver a empezar, aunque no fue demasiado grave, pero tuve que cambiar las manetas, contrapesos, palanca de freno trasero…Aunque el seguro me cubrió parte del trabajo de taller, las piezas tuve que ir buscándolas, otra vez, por Internet.

Después de más de un año desde que la compré, la moto quedó tal que así.

¡Tachaaaaaaaaaaaaaaaaaan!

La disfruté mucho, aunque solo la usaba para ir al trabajo (unos 80Km diarios). ¿Justifica este estado final de una moto de 1991 el gasto y trabajo que se le ha dedicado? Bueno. Pues, desde el punto de vista actual (noviembre de 2025) y después de haberla vendido por 600 euros, mi opinión es que no. Aunque no fue una moto «porculera», después de la experiencia con la que viene a continuación y descubrir que donde trabajo hay un garaje que puedes tener el coche todo el día por 4,95 euros (en aquel entonces, actualmente cuesta un euro más) ya no tenía que depender de las motos para el transporte diario al laboro los días de inconveniencia climatológica, que no fueron pocos y tenía que tener una muda completa en la oficina.

El problema lo tenía cuando la moto tenía que estar en el taller para solventar cualquier problema que surgiera en una moto de más de 30 años. Tenía que coger el coche y buscarme la vida para poder aparcar en Tarragona. Teniendo en cuenta que tenía que estar en trabajo a las 7 de la mañana, ya se imaginarán a que hora tenía que salir de casa.

Así que decidí comprar otra moto para tener «de quita y pon». Me vendí la pequeña Yamaha SR250 y me compré la peor moto que he tenido en toda mi vida. No por el modelo en cuestión, si no por esa unidad que me hizo la vida imposible mientras la tuve.

Un día, yendo al trabajo, me dejó tirado a pocos kilómetros de casa. Se paró sin más cuando entraba en la autopista. Fue la gota que colmó el vaso y la puse a la venta. Resultó ser un fusible y el que me la compró me dijo si quería recuperarla, previo pago de los 90 euros que le costó que el taller diagnosticara y solventara el asunto, pero ya estaba harto. Entre la decepción de la que viene a continuación y que ya se me hacía pesado, a mi edad, levantar la cabeza y ver que iba a velocidades penales, la sacrifiqué. Un problema menos. ¿Seguro? El viacrucis motero no terminó, como verán ustedes en los siguientes artículos.Pero eso ya es otra historia. Un saludo y muchas gracias.

Sergi
Author: Sergi

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