Nikon Coolpix P8800 VR

Antes de comprarme esta cámara en 2006, estuve tonteando con la fotografía, pasando en muy poco tiempo de la Nikon F-301 a la Nikon F-100, tirando en automático y, sobre todo, para documentar la vida de mi hija Sara. De esa época es un álbum en el que solo hay fotos de una vez que fuimos al zoo de Barcelona, donde gasté 14 carretes de 36 exposiciones con mi querida Nikon F-100. Después di algunos bandazos con las Polaroid instantáneas pero, no duró mucho. No me acababa de gustar que la inmediatez sustituyera la calidad pero, unos 30 cartuchos seguro que tiré, otra vez, documentando el crecimiento de mi hija.

Pero mi primer contacto con las cámara digitales se remonta a finales de 2002. Encontré una manera, en ebay, de poder sacarme un extra de dinero pues, conocía bien el mundo de la segunda mano y por entonces muy pocos se dedicaban a estos temas por la Internet. Pero, necesitaba una cámara digital para fotografiar los artículos para luego subirlos a los anuncios y por entonces los precios de las cámaras digitales, por la novedad del momento y esa tontería de los modos y las modas, eran inalcanzables, así que me compré a lo que llegaba mi presupuesto con los primeros beneficios de mis ventas. Una modesta Epson PC L-400 de 4Mpx. Pero, para lo que la necesitaba ya me servía.

Epson PC L-400

Al poco tiempo empecé a llevarme esta cámara a todas partes y a usarla en los eventos familiares. El paso siguiente fue recopilar información sobre como hacer buenas fotografías (cosa que aún no he conseguido) y poco a poco fui metiendo el melón en este mundillo, por lo que al cabo de muy poco tiempo la Epson se me quedó pequeña.

Nos plantamos en 2004 y tengo que vender la cámara para poder comprarme, de segunda mano y muy trotada, una Nikon Coolpix P-5000 con la que voy saliendo del paso y sigo aprendiendo, mientras ahorro para comprarme una cámara que me tenía enamorado. Por supuesto, las reflex digitales…ni olerlas. Se trataba de nuestra protagonista.

Nikon Coolpix P-5400

Nikon Coolpix P-8800 VR

No es hasta bien entrado el 2006 cuando encuentro, en ebay Alemania, a un tío que vende una a un precio que puedo pagar, algo más de 600 euros más el coste del envío. Me la juego y le hago una transferencia internacional. Durante unos 10 días mantuve los dedos cruzados, hasta que recibo el aviso de Correos para ir a buscar el paquete. Todo salió a pedir de boca. Ya tenía mi flamante Nikon Coolpix P-8800 VR. Estaba nuevecita de trinca. Y ahí empieza mi historia en la fotografía hasta nuestros días.

¡Qué maravilla! Las posibilidades de trabajar con esta cámara se hacían infinitas. De cara al negocio no resultó un cambio sustancial pero, para la fotografía familiar fue entrar en otro mundo. Un mundo que me llevó a la fotografía de la naturaleza y, finalmente, al mundo de los bichos.

No voy a entrar en sus especificaciones técnicas, eso está bien documentado en La Red. Tampoco me parece justo compararla con los equipos actuales por lo obvio. Mejor me centro en mis sensaciones de antaño y las actuales. Y para documentarlo me parece oportuno mostrar fotografías tomadas por esta cámara, de antes y de ahora.

Si se pulsa sobre la foto, se puede ampliar y, debajo, muestra los datos exif de sus parámetros.

Para empezar, no hay que tener prisa con ella. Pero, esto es ahora porque, entonces, no pensábamos en las ráfagas ni en tener la cámara preparada de antemano para echárnosla a la cara sin más y poder apretar el botón casi al mismo tiempo. Esto es algo a lo que nos hemos acostumbrado a posteriori.

Los tiempos eran los que eran y si tenías la intención de tomar las fotografías en RAW o en TIF, la cámara necesitaba unos 30 segundos, o más, para grabarla en la tarjeta de memoria. Siempre se puede elegir una de las 4 opciones que tiene para disparar en JPG, siendo las opciones «FINE» y «EXTRA» las que mejores resultados dan, en relación a la calidad fotográfica de la toma y siendo su tiempo de «guardado» más llevadero. Pero, si aún así, ese tiempo es un problema, aún nos quedan dos opciones cuyos resultados, no siendo tan buenos, son mucho más que aceptables, si no hay que trabajar con recortes en postproducción. Se trata de las opciones «BASIC» y «NORMAL».

También era lenta al enfocar pero, insisto en que solo según a lo que nos tienen acostumbrados los equipos actuales. Solo es cuestión de tenerlo en cuenta cuando se sale a hacer fotos con ella. Una vez acostumbrado a este nuevo ritmo de trabajo, la fotografía se vuelve algo más relajante.

Además, a pesar del tiempo pasado, sigue siendo una cámara bastante ligera que no pesa, llevada al hombro y su diseño de cámara bridge la hace pasar desapercibida a la vista de los profanos.

Como bien se puede suponer, esta cámara cuenta con algunos hándicaps y el más importante, en esto Salvador tiene toda la razón, es el modo macro. En este caso nos encontramos en que está implementado como una escena más y no da la posibilidad de poder modificar los parámetros de la toma. De hecho lo llama «modo de proximidad» y siempre hay que tirar en automático. También es verdad que para la fotografía que hago, la cámara, suele acertar casi todas las veces.

Tampoco es que tengamos que ir hacia atrás. Pero, que podamos darle un uso, más o menos, habitual a una cámara de hace casi 20 años me hace ver los pijo y snob que he sido en la fotografía. Siempre intentando tener lo último o lo penúltimo, dependiendo del presupuesto.

Esto lo demuestra la foto de más arriba, la de la avispa. Estoy seguro que actualmente, con la Nikon D7500, montándole el Nikon Nikkor Micro 105mm 2.8, no sería capaz de sacar esa foto en el mismo tiempo en que lo hice hace 15 años. Si. Es verdad. Es tan gran objetivo como exigente pero, se trata de hacer una fotografía y me resulta un tanto frustrante que con la «yaya» sea cuestión de «pimpam risras» y con el equipo actual tenga que usar toda una mañana y 150 tomas para conseguir la foto que quiero hacer.

Estas dos fotos de más arriba y las que irán más abajo, están tomadas ayer mismo durante la caminata por el monte que solemos hacer mi mujer y yo, cuando nuestros turnos nos lo permiten.

He querido volver hacer la foto del avispero que hice la semana pasada con la Nikon D7500 para que puedan ser comparadas. Es verdad que el recorte máximo, para que la foto sea coherente, es el que se ve, a años luz de la cámara actual debido, entre otras cosas evidentes, a la diferencia de Mpx entre ellas.

Por supuesto, disponer de una modelo como Conchi ayuda mucho a sacar buenas fotografías.

Vamos a ir terminando. Sin prisa, sigue siendo una cámara totalmente válida para la mayoría de las situaciones. Pero, teniendo en cuenta las cámaras actuales, es una cámara que en condiciones de poca luz se viene abajo. Aunque uno de los pilares de Nikon para presentar la máquina era esa ISO máxima de 400, la verdad es que, a más de ISO-100 genera demasiado ruido pero, es eso o quedarse sin foto.

Conclusiones. Si la tienes, sácala un domingo por la mañana y disfruta de la fotografía sin prisas, sin megachuflas, sin ráfagas, sin «aquí te pillo, aquí te mato». Quítale la desconexión automática para no necesitar 10 segundos de preparación pero, llévate tres baterías. Elige fotografiar motivos que no requieran esas ráfagas de las que hablaba antes. Úsala en RAW, aunque tarde 30 segundos en guardar la foto. En este caso yo lo que hago es hacer la foto, volver a colgarme la cámara al hombro y seguir caminando. Para cuando necesito la cámara de nuevo, ya está disponible otra vez. Esto me obliga a no disparar indiscriminadamente y a valorar todos los ángulos de lo que quiero fotografiar. La buena foto no me sale por estadística, si no por hacer un buen trabajo (también es cierto que con lo «zapato» que soy, esto no se da en la mayoría de las veces). Yo la sacaré pero, solo de vez en cuando. Tampoco nos volvamos locos con ella. Un saludo y muchas gracias.

Galería de imágenes

Voy a ir subiendo aquí las fotografías que vaya haciendo con esta cámara en lo sucesivo, y si me acuerdo.

13 de noviembre de 2022

Sergi
Author: Sergi

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