Redspot torch glasses

Como siempre, primero un poco de historia.

Después del «tremendo exitazo» de mi anterior artículo sobre la Radar Brand Burglar Alarm, he querido seguir buscando esos artilugios de los años 70 y 80 que no son merecedores de salir en esos blogs, que tanto han proliferado estos últimos años, en los que no se para de mencionar la E.G.B. Sin duda, son cachivaches de segunda y su utilidad, hasta que se la encuentras, es más que dudosa pero, la imaginativa de sus diseños, o la de los que los diseñaron es tal que ahora, a una distancia de 50 años, podemos interpretarlos como los orígenes de muchas cosas que encontramos normalmente en nuestras casas. Siempre haciendo referencia a una clase social, casi recien estrenada, y conocida por los documentales como «la clase media» pero, la de entonces que nada tiene que ver con la actual y mucho menos con la que nos quieren hacer creer que había en la primera década del presente siglo.

Si bien es vedad, como decía, la funcionalidad de la mayoría de estos trastos podría ponerse en entredicho, los hay, y no pocos, que su utilidad es evidente y resultan la opción «pobre» de soluciones más «profesionales» destinados a capas sociales superiores con un poder adquisitivo por encima de la enorme media española. Hoy se trata de uno de estos dispositivos funcionales y prácticos al servicio de las clases populares de entonces.

Por aquel entonces yo era muy aficionado a la lectura de los tebeos de la época. El T.B.O., Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, El Botones Sacarino…Y a pesar de que mi padre nos instaló una luz en el tablero de nuestro mueble litera plegable, donde dormíamos mi hermano y yo en el recibidor, si la encendía por la noche, molestaba a mi hermano y tenía que tirar de linterna para seguir leyendo, lo cual, con la pequeña linterna de bolsillo Tximist de dos pilas de 1,5v, era de lo más incómodo, haciendome desistir en mi empeño. Ya hablaremos de mi fijación por las linternas más adelante. En otro artículo.

Pero, un día mi padre trajo, entre otras cosas que me gustaría ir recuperando, en una caja con trastos que compró en los encantes de Barcelona esto que ven aquí abajo. Todas las extrañezas que mi padre veía en las mantas de los paradistas, si el regateo le era propicio, acababan en casa.

¡Guau! Me pareció lo más. Una linterna que me dejaba las manos libres para poder pasar las hojas de mis tebeos. Les aseguro que entonces estaban en un estado mucho menos lamentable. Una vez que perdí la tapa de las pilas, quedaron relegadas al exilio del sótano. Hasta que…

Esperen. Primero algo de literatura. Hoy en día tenemos linterna frontales de todo tipo, precio, tamaño y calidad. Hoy todos tenemos acceso a tener una linterna que nos deje las manos libres para seguir trabajando, leyendo, escribiendo…Pero, en 1977 el concepto de la luz frontal solo estaba en nuestra mente si lo relacionábamos con los mineros o los espeólogos y sus luces de carburo.

Sí. Este producto también podía estar en el escaparate de mi querida señora Balbina pero, como el anterior, tampoco salió de su tienda de material eléctrico. Parece una tontería pero, «Els Encants vells» de Barcelona dió mucha vida a mi infancia. Ponía en mis manos, trastos que me parecían increibles y, además, eran trastos para adultos. Si ya les conté mis experiencias con el mercurio puro y el soldador de estaño con 7 u 8 años, tengan presente que también disponía de una radio de válvulas con jack para auriculares y estos eran de baquelita. Sí, como los de los aviadores de la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, nunca tuve un Scalextric. No nos lo podíamos permitir.

Ahora sí. Empezamos.

Así pues, como con el anterior artículo, buscando linternas de la época en Wallapop, apareció este anuncio de Hugo:

Ni me lo pensé. ¡»Pa la saka»!

Tatatachaaaaaaaaaaaaaaán (como diría mi admirado mago tamariz)

Como todos estos trastos «Made in Hong Kong», la caja de cartón, donde vienen presentados, es de cartón muy malo, de muy bajo gramaje pero, las ilustraciones que en ella hay no tienen desperdicio. De hecho ya no compro ninguno si no viene con su caja porque, sinceramente, es casi lo mejor del artículo. Bien, pues en esta ocasión, se cumple esta premisa.

¿Qué diablos se supone que hace este tipo? ¿Qué demonios es eso que tiene en las manos? ¿Un detonador nuclear?

Vale, el tío que mira lleva un sombrero de ala ancha pero, el que escribe…¿Una maceta? ¿Un gorro de esos que llevan los moros? ¿El cazo puesto al revés? Por no hablar del ángulo de proyección de la luz que se muestra en los dos dibujos. Parece ser que da luz hasta la montura.

En esta ilustración nos muestra todos los elementos que forman parte del artículo. Molan las pilas ovaladas.

Y como puede apreciarse, ilumina el interior del motor del coche y, por supuesto, la cara y el torso del andoba. Así que no solo alumbra hacia adelante si no que también hacia atrás, abajo y arriba. Bueno, es lógico. ¿Se acuerdan de aquello de que la luz se propaga en todas direcciones en línea recta? Pues, algo de eso debe haber.

En ambas tapas tenemos la misma ilustración.

Bien pues, dentro de la caja de cartón encontraremos el artilugio debidamente embalado y colocado para que no pueda sufrir ningún daño hasta su estreno.

Lo del cel.lo es cosa mía. He intentado restaurar minimamente la caja por dentro.

Bueno pues, helas aquí. Las famosas gafas linterna o, mejor dicho, las Redspot Torch Glasses. Si tienen cierta edad, recordarán que Chimo Bayo usaba algo parecido para sus espectáculos.

Ya que las había conseguido, me metí en el sótano con la poco probable esperanza de encontrar las que trajo mi padre a casa a finales de la séptima década de la pasada centuria. Pero, a veces, la alineación de ciertas casualidades dan motivo de alegría…Y de sorpresa.

Aquí las tienen. No he conseguido encontrar la tapa de las pilas y, como verán más adelante, es fundamental para su funcionamiento. Cuando tenga algo más de tiempo volveré a hacer una incursión en tierra hostíl, debidamente armado, para intentar recuperar esa tapa.

Y aquí las que acabo de comprar a Hugo en Wallapop.

A primera vista, en cuanto las saqué de la caja, ya me di cuenta que no eran exactamente iguales a las «mías». Ese color más feo que pegar a un padre con un calcetín sudado, ese tacto extraño del plástico y todas esas marcas, que no logro imaginar como se han hecho, en la montura que parece que un soldador de estaño las haya estado cortejando estando muy cachondo. Y el cable, más rígido que un dedo corazón en plena peineta. Me llevé cierta desilusión.

Lo de las pilas no tiene ningún secreto. Funciona con dos pilas «medianas» de las de toda la vida. Ahí tenemos la etiqueta con la orientación de las mismas.

Ahí tienen la razón por la que el dispositivo no puede funcionar sin su tapa de las pilas. Las láminas de latón son las que se encargan de hacer la unión del positvo de una pila con el negativo de la otra, a la vez de que es donde está el interruptor de encencido y apagado de las luces.

Como pueden ir observando, los acabados podrían llamarse «empezados» hasta el punto en que uno determina que cualquier aficionado a las impresoras 3D podría hacer un trabajo mucho más…»fino». Pero, es lo que había. Acabados de mierda para las herramientas baratas de mindunguis. Todo lo «Made in Hong Kong» solía ser así. Pero, si miran con atención las que tenía yo, las grises de más arriba, verán que la calidad de acabados está a años luz de estas que he comprado. Así que me asalta la duda. ¿Habría gamas de calidad de acabados entre los fabricantes «Hongkonianos»? ¿Quizás la calidad, con el tiempo, tendió a disminuir para bajar el coste de fabricación, que no el precio del producto, o incluso también este? Es que encuentro tal diferencia entre la calidad de ambas que no sé que pensar. ¿Qué opinan ustedes? ¡Ay, coño! Nunca me acuerdo que esto solo lo leemos Salvador y yo.

Bueno, sigamos. No tenía pilas adecuadas. ¿Se lo pueden creer ustedes? Tuve que salir al chino de guardia para poder probar el cacharro este.

¡Vaya desilusión! Las pilas no quedan ovaladas cuando se insertan en el receptáculo. Publicidad engañosa.

Hasta que la tapa no se queda encajada, lo cual, a la larga, es corriente que no ocurra dada la calidad del plástico y que es una pequeña leva la que hace esa función (ya pensaré en como solucionarlo cuando surja, que no tardará), no se establece conexión eléctrica en el circuito. Y en la misma tapa, en el exterior, encontramos, como ya hemos visto antes, el interruptor de encendido y apagado.

Hablemos del receptáculo de la pilas. Esto está pensado para llevar en el bolsillo de la camisa, cuando los hombre llevábamos camisas con bolsillos todos los días o en el bolsillo del pantalón, aunque no descarto que el chino de turno que lo diseñó también pensara en sujetarlo al cinturón, sí también llevábamos cinturón para que no se nos bajara el pantalón y se nos vieran los gayumbos, ¿qué cosas más raras hacíamos, eh? Pero, en lo que no cayó el chino de marras es que si integras la presilla (o como se llame eso) en el plástico de la tapa, teniendo en cuenta que el peso del conjunto lo soporta el receptáculo con las pilas, sumado a la mala calidad del plástico y de la mala sujeción de la tapa a la base, lo más probable…No. Probable no. La base y las pilas se independizarán, cada pieza por su lado, en el momento en que cualquier otra persona mire de soslayo el artilugio sujetado en el cinturón. Así que mejor pensemos en llevarlo en los bolsillos. Los que sean, de camisa, pantalón o tanga.

Pues,nada nada. Vamos a al lío. Ya lo tenemos todos preparado para el encendido de las luces, como Abel Caballero en Vigo por Navidad.

Le damos al interruptor y…Un momento. Un momento. Vamos a comentar otra cosita. La simbología del «encendido» y «apagado». ¿Un cuadrado y una raya? Vale vale. Ni mú. Para la raya que vamos.

¡Toma Geroma! Pastillas de goma (que son «pa» la tos).

Miren que gozada. Se acabó eso de la Tximist de petaca debajo de la sábana. Por cierto, con ellas puestas y la luz apagada, en un espejo da mucho miedo. Y mola muchoooooooooo.

Noooooooo. No fue tan fácil. Pero, lo cuento enseguida.

Cuando le puse las pilas y le di al interruptor, no se encendió ninguna de las bombillas. Cagada pastoret. Así que me tocó investigar que podría provocar ese desastre.

Después de comprobar el voltaje del circuito en la salida de las pilas, pasé a investigar como se accedía a las bombillas para comprobar si llegaba tensión a ellas.

Todo va a presión, así para acceder a las bombillas para desenroscarlas hay que tirar con cierto giro el plástico blanco que las rodea.

Esa pieza redonda de color marroncito diarrea, donde iba fijada la pieza blanca, también está fijada a presión y desmontándola tenemos acceso total al portalámparas y a la instalación eléctrica. En este caso no me hizo falta sacarla porque puede solventar el problema sin la necesidad de hacerlo.

¿Ven esas ranuras que recorren la parte delantera de la montura? Pues, por ahí pasan los cables desnudos, de un portalámparas a otro. Bien pues, el caso es que esos cables, casi a su llegada al portalámparas estaban lo suficientemente juntos para crear casi un cortocircuito por lo que a veces se encendía una de las luces de forma muy tenue (por no llegar a cortocicuitarse del todo). Como pueden ver en la imagen, me limité a dejarlos bien separados y miel sobre hojuelas.

La bombilla es una «gota de agua» de toda la vida. De toda la vida de antes, quiero decir. Desconozco si aún se usan y si se comercializan. Yo, por si acaso, me he hecho con un buen stock de ellas, y de otras, claro.

Aunque, evidentemente, estas Torch Glasses son casi idénticas a las «mías» hay algunas diferencias que, a mi entender, le dan ventaja a las que me dió mi padre.

En las «mías» el cable nunca lo encontramos por la parte interior de la patilla. No entiendo que en estas se haya hecho así pues, puede resultar incómodo al llevarlas puestas.

Es resto es exactamente igual. Repasemos el circuito.

El cable sale del receptáculo de las pilas.

Llega a la parte interior de la patilla izquierda donde, por un agujero muy cutre, por cierto, pasa a la parte exterior de dicha patilla.

Llega al primer portalámparas y se establece la conexión física con él.

Como podemos ver, el cable está compuesto por dos hilos, quizás ahí radique su rigidez y una vez establecida la conexión con el primer portalámparas, estos hilos se separan y se les quita el cobertor, insertándolos cada uno por una de las ranuras de la parte anterior de la montura hasta el otro portalámparas, cerrando así el circuito. Es el circuito estándar de cualquier linterna básica.

Y para ir terminando, quiero mostrar lo que ha sido una gran causa de decepción. El estado general del dispositivo. Ya lo he comentado antes. No estiendo estas marcas que se encuentran en todas partes del cacharrito. Yo sigo pensando que han sido hechas, fortuitas o intencionadamente, con una fuente de calor que ha derretido el plástico. Pero, por la forma y el color, la exposición no ha sido extrema. No soy capaz de entender como se puede haber producido.

En definitiva, además de ser un artículo con una construcción muy cutre, al más puro estilo «Made in Hong Kong» de finales de los 70, es además, útil. Si. Cumple con su función perfectamente, de forma muy digna. No como para adentrarse en una cueva de madrugada, o quizás sí. A nivel doméstico, como diría Dough Marcaida, en general, señor, esto alumbra. Pero, esto no se acaba aquí. La segunda utilidad para estas gafas-linterna es el cachondeo. Son muy cachondas para sacarlas de fiestuki por ahí. No deja a nadie indiferente lo raro y vintage que supone eso del cable colgando. Lástima que estas estén tan feas con esas marcas. Un saludo y muchas gracias.

Sergi
Author: Sergi

1 thought on “Redspot torch glasses

  1. Hola:
    Pues otro chisme que ni conocía. No deja se der una buena idea, aunque su ejecución sea tan simplona. Las marcas del plástico afean un poco el producto, pero no alcanzo a comprender cómo y qué las provocó y la necesidad de ellas. Pero sospecho que son de origen y que no se trata de algo realizado por un usuario descuidado.
    De nuevo gracias por mostrar estos artefactos tan lejanos a lo que nos motiva hoy día.

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